Por favor, dame paciencia, querido diario, porque si no, ¡les pego tal golpe que morimos ambas! ¡Ella del golpe y yo de la onda expansiva! De verdad, sujetarme bien o voy allí y le doy tal paliza que le arranco el pelo y le depilo las cejas con su saliva venenosa...
Bueno, creo que será mejor que comencé por el principio.
Cuando me levanté, como cada día, tras soltar un par de maldiciones silenciosas y tirar el despertador contra la pared, el cual de milagro no se rompió, comencé con mi estresada y terrible mañana. Como siempre, me había despertado tarde y mi pelo rubio estaba hecho un completo desastre, nudos por aquí y por allí. Un par de mechones dorados menos después, conseguí adecentarlo un poco.
Ahora, con quince minutos para llegar al instituto, me dispuse a vestirme rápidamente el uniforme que habíamos comprado, una camisa blanca con botones dorados acompañada por una falda plisada de color azul marino y un pequeño jersey también azul con la cabeza del trébol que nos representaba bordado juntoa las letras doradas PH. Rápidamente y en un último spring, me dispuse a calzarme los calcetines un poco más bajos que la rodilla y unos zapatos anticuados para desayunar un par de tostadas mientras conducía de camino.
Cuando llegué,el edificio no me impresioné tanto como la primera vez que lo había hecho, con sus enormes ventanas, su muro de piedra y sus bellos jardines.
Y es que parecía un castillo sacado de un cuento.
Yo sería su princesa me había dicho yo. Pero claro, yo no sabía que el castillo ya tenía un príncipe y una princesa, o más bien una bruja mala, de pende de como lo veas (mas bien la segunda).
Os presento a Kimberly Scott, capitana de las porristas y máxima posición en la élite, la parte superior de la jerarquía. Y, como no, novia del captán del equipo que nos representaba, los Eagles, al que por desgracia, no había tenido todavía el placer de conocer.
Por el contrario, si había tenido el 'placer' de conocer a Kimberly, la porrista psicótica que necesitaba ponerse gafas, cuanto más feas mejor, preferentemente. Y es que nuestro primer encuentro, se había producido al entrar, nada más, ella estaba tan tranquila caminando con un delicioso café de Starbucks mientras yo corría como alma que lleva el diablo a través del pasillo.
Y claro... las cosas no acabaron precisamente bien, para ella. Colisionamos en un brutal accidente, bueno, tampoco fue para tanto... y su suculento café se vertió por su uniforme, manchando con un par de gotas mis zapatos. Ella me miró con los ojos verdes completamente abiertos de horror.
- Creo que me debes unas disculpas - le dije mirando las dos manchas que ahora estaban instaladas sobre mis zapatos brillantes. Ella hizo una mueca de espanto.
- ¿Disculpas? Tú eres la que se ha cruzado en mi camino y la que me ha arruniado el uniforme - estiró su dedo indice acusadoramente hacia mi -. Esta te la voy a guardar, puta.Tras decir esto, se fue meneando las caderas y ondeando su larga melena azabache seguida por otras muchachas que habían visto la escena. Yo estaba asombrada. No sabía que me había sorprendido más, que no se hubiera disculpado, o el haberme llamado puta.

Pero eso no fue todo, cuando encontré, ¡por fin!, la clase que me tocaba, a la que había llegado un poco tarde, la estúpida de Kimberly me había sonreído con maldad.
El profesor, calvo y cincuentón, se había limitado a señalarme un asiento y continuar explicando unas operaciones matemáticas que yo ya había visto antes. Me senté sin fijarme mucho a mi alrededor.
Entonces se escucharon risas y el profesor se acercó al otro lado del salón de clases.
- ¿Qué es eso tan divertido Señorita Kimberly? El resto de la clase también tiene derecho a reírse - dijo el Sr. Hoffman, si no me equivoco. Acto seguido, retiró la nota que sujetaba ésta entre los dedos. Ella intentó contener una risa - "¿Sabes? Me he enterado de que la nueva es una becada, por lo visto, su madre es puta y no podía pagarle el instituto, a veces la ayuda a ganar un poco más de dinero".

Las risas estallaron a lo largo de todo el salón. Kimberly me miraba perversamente. El profesor alzaba una ceja confundido. Las risas seguían.
- De eso me sonabas - le respondí a Kimberly lanzándole un beso. Su cara se tornó de un muy agradable escarlata chillón que infló mi orgullo. Las risas se escucharon esta vez más fuerte.

Su cara se centró completamente en mis ojos azules como si me pudiera descuartizar con la mirada. Yo supuse que solo había una forma de interpretar eso. Esto es solo el principio, la guerra está por comenzar.
Yo no me asusté, para nada... solamente me escabullí rápidamente al acabar esa clase hacía el baño más cercano a escribir la que podría ser mi última entrada de el diario que había comenzado a escribir. Ya sabéis, por si en último caso...
Bueno, ahora mismo me toca Biología y me temo que si llego tarde me llevaré el primer reporte del día, lo que no creo que sea comenzar con muy buen pie que digamos...
Cuando acabe el día os contaré que fue de mi durante el resto de la jornada, ¡deseadme suerte!
XOXO,





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